Una investigación que siguió durante 20 años a 2.832 personas mayores de 65 años encontró que la actividad física aeróbica, combinada con ejercicios de entrenamiento cognitivo, se asocia con una mejor memoria y una menor probabilidad de desarrollar demencia. Los resultados aportan nuevas evidencias sobre el impacto del ejercicio en la salud cerebral durante el envejecimiento.
El ejercicio aeróbico continúa sumando evidencia científica como una herramienta para preservar la salud cerebral. Un estudio aleatorizado realizado con 2.832 adultos mayores de 65 años, que fueron seguidos durante dos décadas, observó que quienes participaron en programas específicos de entrenamiento presentaron mejores resultados en la memoria y un menor riesgo de desarrollar demencia.
Los investigadores destacaron que la actividad física favorece el flujo sanguíneo hacia el cerebro, estimula la neuroplasticidad y contribuye a mantener activas las conexiones neuronales, procesos esenciales para conservar las funciones cognitivas durante el envejecimiento.
El entrenamiento cognitivo también marcó diferencias

Además del ejercicio aeróbico, el trabajo evaluó distintas modalidades de entrenamiento cognitivo. Los resultados mostraron que quienes realizaron ejercicios destinados a mejorar la velocidad de procesamiento visual, acompañados por sesiones de refuerzo, registraron un 25% menos de probabilidades de desarrollar demencia en comparación con otros grupos.
Los autores señalaron que este beneficio no se observó de igual manera en todas las estrategias cognitivas analizadas, por lo que consideran necesario continuar investigando cuáles son las intervenciones más eficaces para proteger la memoria en adultos mayores.
La actividad física, una aliada para el cerebro
Los especialistas remarcaron que la práctica regular de ejercicio aeróbico —como caminar a paso ligero, andar en bicicleta, nadar o trotar— no solo beneficia al sistema cardiovascular, sino que también puede desempeñar un papel clave en la prevención del deterioro cognitivo.
Si bien los investigadores aclararon que el ejercicio por sí solo no garantiza la prevención de enfermedades neurodegenerativas, coincidieron en que mantener una vida activa, junto con hábitos saludables y la estimulación cognitiva, constituye una de las estrategias más prometedoras para preservar la memoria y la calidad de vida durante la vejez.



