Calcio y vitamina D: un estudio cuestiona su eficacia para prevenir fracturas en adultos mayores

Durante años, los suplementos de calcio y vitamina D fueron recomendados para fortalecer los huesos y reducir el riesgo de fracturas. Sin embargo, una reciente revisión científica volvió a poner en debate su verdadera utilidad en personas mayores que viven de forma independiente y no presentan deficiencias diagnosticadas

El calcio y la vitamina D fueron durante décadas dos de los nutrientes más asociados a la salud ósea. Su papel en la formación y mantenimiento de los huesos llevó a que millones de personas recurrieran a suplementos con la expectativa de prevenir fracturas relacionadas con la edad.

Sin embargo, una nueva investigación analizada por especialistas plantea que la evidencia disponible no respalda de manera contundente el uso rutinario de estos suplementos para reducir fracturas en adultos mayores sanos que viven en la comunidad.

Qué encontró el estudio

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La revisión científica evaluó datos de numerosos ensayos clínicos centrados en la suplementación con calcio, vitamina D o la combinación de ambos nutrientes.

Los resultados mostraron que, en personas mayores sin deficiencias específicas ni enfermedades óseas diagnosticadas, la suplementación no produjo una reducción significativa en el riesgo de fracturas de cadera, fracturas vertebrales ni otras lesiones óseas frecuentes asociadas al envejecimiento.

Los investigadores señalaron que los beneficios observados en algunos estudios previos podrían haber estado influenciados por características particulares de las poblaciones analizadas, especialmente aquellas institucionalizadas o con deficiencias nutricionales previas.

La importancia de diferenciar los grupos de riesgo

Los especialistas remarcaron que estos hallazgos no significan que el calcio y la vitamina D hayan perdido relevancia para la salud.

Por el contrario, ambos nutrientes continúan siendo fundamentales para el correcto funcionamiento del organismo y para mantener la densidad mineral ósea. Lo que el estudio pone en duda es la conveniencia de indicar suplementos de manera generalizada a toda la población adulta mayor.

Las personas con osteoporosis, déficit de vitamina D, antecedentes de fracturas o condiciones médicas específicas podrían seguir beneficiándose de la suplementación bajo supervisión profesional.

Más allá de los suplementos

Los expertos coinciden en que la prevención de fracturas depende de múltiples factores y no únicamente de la ingesta de nutrientes.

La práctica regular de actividad física, especialmente ejercicios de fuerza y equilibrio, una alimentación equilibrada, la exposición adecuada a la luz solar y la prevención de caídas continúan siendo pilares fundamentales para preservar la salud ósea durante el envejecimiento.

Además, mantener una dieta rica en fuentes naturales de calcio y asegurar niveles adecuados de vitamina D sigue siendo una recomendación ampliamente respaldada por la evidencia científica.

Cuáles son las principales fuentes de calcio y vitamina D

Entre los alimentos ricos en calcio se encuentran los productos lácteos, vegetales de hoja verde, frutos secos y algunas bebidas fortificadas.

Por su parte, la vitamina D puede obtenerse mediante la exposición solar y a través de alimentos como pescados grasos, yemas de huevo y productos enriquecidos.

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Los especialistas destacan que la evaluación individual es clave antes de iniciar cualquier suplementación, ya que las necesidades nutricionales pueden variar según la edad, el estado de salud y los antecedentes médicos de cada persona.

Un debate que sigue abierto

La publicación vuelve a poner sobre la mesa una discusión vigente en la comunidad científica: si los suplementos de calcio y vitamina D deben recomendarse de manera preventiva a toda la población mayor o reservarse para grupos específicos con riesgo elevado.

Mientras continúan las investigaciones, los expertos coinciden en que la mejor estrategia para proteger los huesos sigue siendo un enfoque integral que combine alimentación saludable, actividad física regular, seguimiento médico y hábitos que favorezcan la salud ósea a largo plazo.

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