La frase pertenece a Rudy Tomjanovich, exentrenador de los Houston Rockets, pero vale para cualquier ámbito de la vida. Hoy, esta célebre frase le calza perfecto a Lionel Messi y a la Selección Argentina. Una vez más, este equipo demostró de qué está hecho: de ganar.
Al equipo de Scaloni no le gusta perder y ese es su gran valor: lo transmite desde el minuto cero. Fue un partido difícil. Egipto estuvo cerca de lograr la épica y dejar afuera de la Copa del Mundo al vigente campeón. Pero quizás se confió y pensó que el capitán estaba rendido, cansado o frustrado por el penal errado. Se equivocó.
Como lo vengo resaltando en esta columna, el mago tenía un truco guardado bajo la manga. Esta vez fue clave, apareció en el momento justo para empatar el partido y devolverle la confianza a un equipo que todavía creía en la remontada.
Allí apareció Enzo Fernández, otro de los pilares de este equipo, que hoy tuvo un partido discreto a lo que nos tiene acostrumbrado su fútbol. Más allá de eso, el equipo volvió a aparecer en el momento cumbre. El Mundial es difícil y vamos a sufrir, dio a entender el capitán ante la prensa. Argentina sufrió, estuvo afuera del Mundial, pero resurgió como un campeón y esta historia todavía tiene más capítulos dorados por escribir. Leo todavía no se cansó y quiere más gloria, como un corazón de campeón.



