Top view of fresh ingredients for cooking on a wooden surface, featuring chicken, vegetables, and herbs.

La dieta podría reducir hasta un 29% el riesgo de demencia

Un estudio internacional reveló que seguir un patrón de alimentación antiinflamatorio se asocia con una menor probabilidad de desarrollar demencia, aun entre quienes presentan un alto riesgo hereditario. Los investigadores sostienen que los hábitos alimentarios podrían desempeñar un papel clave en la protección del cerebro durante el envejecimiento

La alimentación volvió a ubicarse en el centro del debate científico sobre la prevención de las enfermedades neurodegenerativas. Un nuevo estudio realizado por investigadores europeos encontró que las personas que mantienen una dieta con características antiinflamatorias presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar demencia, incluso cuando poseen una predisposición genética elevada.

Los resultados mostraron que quienes seguían con mayor adherencia este tipo de alimentación registraban hasta un 29% menos de probabilidades de padecer demencia en comparación con aquellos cuyos hábitos alimentarios eran menos saludables. Lo más llamativo es que este efecto protector también se observó entre individuos con mayor vulnerabilidad genética, lo que sugiere que el estilo de vida puede modificar parcialmente el impacto de los factores hereditarios.

Los investigadores remarcaron que, si bien la genética continúa siendo un componente importante en el desarrollo de enfermedades como el Alzheimer, la evidencia respalda cada vez más la influencia de factores modificables, entre ellos la alimentación, el ejercicio físico, el sueño y el control de las enfermedades cardiovasculares.

Qué alimentos integran una dieta antiinflamatoria

El patrón alimentario analizado se caracteriza por priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados, ricos en antioxidantes, vitaminas, fibra y grasas saludables.

Entre los principales componentes se destacan:

  • Frutas y verduras de distintos colores.
  • Legumbres.
  • Cereales integrales.
  • Frutos secos y semillas.
  • Pescados ricos en ácidos grasos omega-3.
  • Aceite de oliva como principal fuente de grasa.

En contrapartida, los especialistas recomiendan limitar el consumo de alimentos ultraprocesados, carnes procesadas, bebidas azucaradas y productos con exceso de grasas saturadas o azúcares agregados, ya que favorecen procesos inflamatorios que también afectan al cerebro.

La inflamación crónica de bajo grado es considerada uno de los mecanismos biológicos que contribuyen al deterioro cognitivo. Reducir ese estado inflamatorio mediante una alimentación adecuada podría ayudar a preservar la función cerebral a medida que avanzan los años.

Un hábito cotidiano con potencial para proteger la salud cerebral

Los autores señalaron que los resultados no implican que una dieta saludable pueda prevenir todos los casos de demencia, pero sí refuerzan la idea de que adoptar buenos hábitos desde edades tempranas puede disminuir considerablemente el riesgo.

La investigación se suma a una creciente cantidad de estudios que relacionan patrones alimentarios como la dieta mediterránea y otras variantes basadas en alimentos de origen vegetal con una mejor salud cognitiva y una menor incidencia de enfermedades neurodegenerativas.

Los especialistas destacaron que la prevención debe entenderse como un enfoque integral. Además de una alimentación equilibrada, mantener actividad física regular, controlar la presión arterial, evitar el tabaquismo, dormir lo suficiente y estimular la actividad intelectual forman parte de las estrategias con mayor respaldo científico para proteger el cerebro durante el envejecimiento.

Compartir