Mantener la presión arterial por debajo de 120/80 mmHg continúa siendo la principal recomendación de las guías médicas internacionales para los adultos, sin importar la edad. Especialistas advirtieron que superar ese umbral aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares (ACV) y daño renal. La información fue difundida a partir de recomendaciones de organismos científicos internacionales.
Qué significan los valores de la presión arterial
La presión arterial refleja la fuerza con la que la sangre circula por las arterias. La cifra superior, conocida como presión sistólica, indica la presión cuando el corazón se contrae y bombea sangre al organismo. La inferior, llamada presión diastólica, corresponde al momento en que el corazón se relaja entre un latido y otro. Ambas se expresan en milímetros de mercurio (mmHg) y son fundamentales para evaluar la salud cardiovascular.

De acuerdo con la American Heart Association (AHA), una presión inferior a 120/80 mmHg se considera normal en los adultos. Cuando la presión sistólica se ubica entre 120 y 129 mmHg, con una diastólica menor de 80 mmHg, se habla de presión elevada. En tanto, valores de 130/80 mmHg o superiores ya corresponden a distintos grados de hipertensión, una enfermedad que incrementa el riesgo de infarto, ACV e insuficiencia renal.
Cómo cambian los valores normales a lo largo de la vida
Aunque el objetivo de 120/80 mmHg se mantiene para la mayoría de los adultos, las recomendaciones varían según la etapa de la vida. En los niños menores de 13 años, los valores normales dependen de la edad, el sexo y la estatura, por lo que se utilizan tablas de percentiles para determinar si la presión se encuentra dentro de parámetros saludables. A partir de los 13 años, los adolescentes ya comparten los mismos valores de referencia que los adultos.
En los adultos jóvenes, las guías recomiendan investigar posibles causas secundarias cuando la hipertensión aparece antes de los 40 años, ya que puede estar relacionada con enfermedades tratables. Por su parte, en los adultos mayores, especialmente en personas frágiles, los especialistas aconsejan individualizar los objetivos terapéuticos para evitar complicaciones asociadas a una presión demasiado baja. En muchos casos, una lectura cercana a 130/80 mmHg se considera adecuadamente controlada.

Los hábitos que ayudan a mantener una presión saludable
Además de los controles médicos periódicos, los especialistas coinciden en que la prevención depende en gran medida del estilo de vida. Reducir el consumo de sal, realizar actividad física de manera regular, mantener un peso saludable, evitar el tabaquismo, moderar el consumo de alcohol y seguir una alimentación equilibrada son algunas de las medidas con mayor respaldo científico para disminuir el riesgo de hipertensión.
Otra recomendación clave es medir la presión arterial de forma periódica, incluso en personas sin síntomas. La hipertensión suele desarrollarse de manera silenciosa durante años, por lo que la detección temprana permite iniciar cambios en los hábitos o tratamientos oportunos para reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares. Estudios recientes, además, indican que mantener la presión sistólica por debajo de 120 mmHg puede disminuir con mayor eficacia la probabilidad de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia cardíaca.



